
Norberto Tucho Méndez
Como lo que le sucedía a gran parte de los nacidos en ese fino límite que separa y une a Patricios con Pompeya, era fanático de Huracán. El tipo fue uno de los grandes, pero de los grandes en serio.
Tenía dos ídolos de pibe, y para verlos jugar se colaba en la vieja cancha de tablones de Avenida Alcorta y Luna. Con uno de ellos llegó a jugar como compañero: Herminio Masantonio, el gran Masa, legendario centrofoward del Globito, de mucho coraje y mayor nobleza.
Ahora con el otro hay una anécdota muy gauchita que sería lindo recordar... Cuando era pibe, Tucho acostumbraba colarse en los entrenamientos de Huracán para ver de cerca al arquero Juan Estrada, y de paso le alcanzaba la pelota cuando ésta se iba fuera de la cancha. También a veces hacía lo mismo los días de partido. De esa manera los dos fueron creando una relación, en la que aparte de la amistad parecía haber un convenio de trabajo: Estrada era el arquero del club, y Méndez el negrito que le tiraba la pelota. Una tarde, el arquero en tono de broma le preguntó si tenía una hermana, para lo que el morocho le respondió que sí, que una de 17, y que se la iba a regalar cuando Huracán saliera campeón. Entonces es que de ahí pasó a ser para el arquero el "cuñadito". -Alcanzame la pelota, cuñadito... Corré, cuñadito... Chau, cuñadito...
Pasaron los años y el arquero recaló en Boca, mientras que Tucho alcanzó la primera del Globo, pero nunca más se vieron. Hasta que un día se enfrentaron Huracán y Boca. En el primer tiempo Tucho Méndez le hizo un gol desde 25 ms y cuenta que en el descanso "sentía desesperación por hablarle".- Me mojé el pelo, me peiné apurado y lo esperé en la cancha, contó alguna vez. -Le apreté la mano y no me dejó hablar: "Te felicito pibe, me hiciste un golazo". -Cuando pude meter una palabra le pregunté: "¿Usted se acuerda, Estrada, de aquel pibe negrito que le alcanzaba la pelota en las prácticas de Huracán? ¿Aquél al que usted le decía cuñadito?"- Lógicamente que se acordaba pero no sabía a donde quería llegar con el recuerdo. _"Bueno, Estrada, el cuñadito soy yo..." -No lo podía creer. Me abrazó. No podía convencerse. Me volvió a felicitar. Me aconsejó. Le había hecho un gol a uno de mis ídolos y no me había defraudado. Me estaba dando consejos en pleno partido, como cuando charlábamos detrás del arco, cuando él ya era famoso y yo tan sólo el cuñadito... recordó Tucho Méndez emocionado.
Esto está basado en una crónica de Juvenal que apareció en un Gráfico allá por 1992.








